Chester

Dedicamos a pasar un día en esta preciosa localidad a la que se puede llegar en tren desde Mánchester (estación Picadilly).

Chester es un pueblo situado a sólo 44 kilómetros al sur de Liverpool, cuya historia se remonta a la época de los romanos. Es la ciudad amurallada mejor conservada de Inglaterra y su casco antiguo peatonal es una sucesión de preciosas casas medievales blancas con entramado de madera entre las ventanas. Invadida por celtas y vikingos, florece en la Edad Media debido a su estratégica situación y su puerto comercial.

En la Plaza del Ayuntamiento está la deslumbrante Catedral Normanda que se remonta al año 1250. Destacan las preciosas vidrieras, así como el coro gótico de finales del siglo XIII, con una sillería de 1380 que está considerada cómo obra artística única en Inglaterra. La rodean unos bonitos jardines y puedes rodearla por un caminito de piedra.


La calle Eastgate es la arteria principal de la ciudad repleta de tiendas, restaurantes y cafés y con suelo empedrado que te transporta a otra época. The Cross, es una cruz medieval en una pequeña plaza donde convergen las 4 calles más importantes, siempre muy animada y con músicos callejeros.

Las Galerías Comerciales The Rows existentes desde la Edad Media son unos pasajes con comercios y están integrados bajo las casas. Están cubiertas y en dos niveles atravesando las calles Eastgate, Bridge y Watergate. Para acceder a estas galerías hay que subir unos escalones que encontramos en determinados puntos de las galerías.

En la puerta este de entrada al casco antiguo hay un reloj especial y dicen que después del Big Ben, es el reloj más fotografiado del mundo, El Reloj de hierro Eastgate. Los orígenes de ésta puerta se remontan al año 79 AC, cuando se estableció la fortaleza romana, la cual tenía una puerta de madera de doble arco, con una estatua de Marte en el centro, por la que se salía hacia las tierras del este de la fortaleza de Deva, que era como se denominaba. En la época medieval, en el siglo XIV, se construyó una alta torre rectangular de piedra bajo la que se abría un estrecho pórtico de acceso a la ciudad. Con posterioridad, en el siglo XVIII, ya no se hacían necesarias las murallas en la ciudad con fines defensivos, con lo que se decidió derribar las puertas, empezando por la Eastgate, la cual, por su estrechez, dificultaba el tráfico por la ciudad.

Es en el año 1768 cuando se construyó el arco que actualmente podemos ver, y que emula la puerta que a lo largo de la historia de Chester había venido ocupando ese espacio. Cuando se derribó la antigua puerta de la muralla y se construyó este arco, se decidió construir un reloj sobre él para celebrar el jubileo de la Reina Victoria. No es muy grande, pero es punto de referencia y muy bonito. Un pequeño puente cruza la calle, sobre el que se sitúa el reloj de hierro forjado.

El Anfiteatro Romano de Chester fue el más grande de Gran Bretaña en la época romana y servía como entretenimiento y formación militar. Al sur de las murallas quedan algunos restos.

Justo enfrente está la Iglesia St. John The Baptist fundada por Ethelred, Rey de Mercia en el lugar donde antes se encontró un Templo Cristiano  de la era temprana.  A la entrada nos encontramos un amable señor que nos contó la historia de la iglesia y dentro tenían montado un mercadillo. Probamos uno de los más ricos pasteles de zanahoria casero. Al salir hay una zona con una parte de los antiguos restos que había de la Iglesia muy interesantes.

St. John The Baptist
St. John The Baptist

Pero no termina aquí todo lo que hay que ver, fuera del casco y de las casitas de cuento. Si continúas detrás de St. John's bajando unas escaleras aparece un precioso puente blanco llamado Queens Park Bridge de 1923 que cruza el Río Dee. Desde aquí comenzamos un precioso paseo bordeando el río con embarcaciones, bonitas casas y al llegar a otro puente, el Old Dee Bridge, cruzamos al otro lado para encontrarnos con una amplia zona verde que sigue bordeando el río, llena de árboles y con los colores otoñales parecía una postal. Desde aquí descubriremos una de las mejores vistas, al atardecer de las Murallas y el Castillo al fondo. Nos cruzamos con una señora con su perrito, al cual, por supuesto dedicamos un buen rato a sobar todo lo que pudimos. Esta señora nos regaló poder sacar unas fotos y vídeos fantásticos cuando a la orilla del río tiraba pan a los pájaros que literalmente volando comían de su mano.

Cruzamos de nuevo para bordear el Castillo, que aunque no es especialmente bonito, el paseo anterior si lo ha sido, y pasamos por toda la zona Universitaria hasta volver de nuevo al centro histórico.

Una última parada para descansar las doloridas piernas en un café encantador del centro donde al pedir un chocolate caliente me traen una taza de riquísimo chocolate tapado por una montaña de nata y adornado por nubes de azúcar y canela que casi me hizo llorar.

Volvemos al tren que nos llevará a Mánchester llevándonos la visita a uno de los lugares más bonitos y con más encanto de Inglaterra.