Tours y Amboise

La última etapa desde Madrid a Normandía fue el trayecto Poitiers-Honfleur, pero en ese camino hicimos un par de paradas obligatorias. Entramos en la Ruta de los Castillos de Loira, donde hay tantos castillos que necesitarías días para recorrerlos todos. Elegimos parar en la ciudad de Tours y en el Chateau de Amboise.

Tours

Ciudad base en la ruta por el Valle del Loira. Hasta ella llegan muchos peregrinos interesados por la figura de San Martín de Tours y para ver su sepulcro. La ciudad de Tours se remonta a la época galo-romana, en la que había una pequeña población abierta, sin murallas. En el Siglo III fue destruida por los bárbaros por lo que decidieron amurallar la ciudad. La guerra de los Cien años hizo que fuese la capital de la Turena.

Por entonces apareció quien luego fuera San Martín de Tours, un soldado romano que tuvo una aparición de Jesucristo, y a partir de entonces se dedicó a evangelizar a los campesinos, llegando a ser nombrado Obispo de Tours en el año 370. Fue enterrado en un cementerio que estaba a cierta distancia de la pequeña ciudad amurallada, y a partir de ahí empezó a desarrollarse otra pequeña ciudad que es donde se encuentra el actual centro histórico. 

Con el tiempo la población fue ocupando el espacio que había entre ambas ciudades, hasta que al final en el siglo XIV se construyó una gran muralla que ya encerraba las dos pequeñas ciudades para proteger a toda la población durante la época de la Guerra de los Cien años. Tours se encuentra en el eje del Camino de Santiago Francés que se corresponde con la antigua carretera nacional 10 que iba de París a España. En el siglo XVIII dio paso a la calle Nacional que en la actualidad cruza de norte a sur la ciudad separando las dos zonas históricas. Estas ahora son conocidas como el Barrio de la Catedral, o Ciudad Vieja, y el Barrio de San Martín, pues ahí se encuentra el sepulcro del santo.

Dejamos el coche junto al Pont Wilson que cruza el río Loira y te da la primera vista panorámica del puente de piedra adornado con banderas. Dejando el puente atrás, comienzas la entrada a la zona comercial de la ciudad por la Rue Nationale. Esta amplia avenida está surcada por los raíles de los tranvías lo que hace un efecto visual muy curioso, al parecer que las vías son infinitas. Es inevitable fijarse en las curiosas farolas que parecen venir de otro planeta. Enseguida entras en el casco histórico de una ciudad que no deja indiferente.

Otro curioso puente más pequeño es el Saint Symphorien, un puente colgante de alambre. Si te mareas fácilmente, mejor no cruzar porque se mueve bastante cuando caminas sobre él.

El Ayuntamiento de Tours (Hotel du Ville) fue construido por Víctor Laloux en el Siglo XIX.  

La fachada de la Catedral de Tours está ubicada en el lado oeste del lugar donde estaba la antigua muralla y frente a un pequeño parque. Se empezó a construir en la primera mitad del siglo XIII, en el año 1170 para sustituir a la antigua catedral que se incendió en 1166 después de la guerra entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra pero las obras no acabaron hasta dos siglos más tarde. Por ello, se pueden apreciar distintos estilos góticos, desde el primitivo hasta el flamígero. Lo que más llama la atención de esta imponente fachada es que los tímpanos de las puertas de la catedral, están calados de forma que la luz entra a través de las vidrieras. El rosetón tiene una forma irregular para propiciar también una mayor entrada de luz al interior de la catedral. La fachada no conservan ninguna estatua, pues fueron destruidas por los protestantes en la Guerra contra los católicos en 1562. Nada más entrar al interior de la catedral, tienes la sensación de una gran altura en la nave central, pero en realidad se trata de un efecto óptico; de hecho su altura es de 29 metros. El 70 por ciento de las vidrieras de la catedral son originales.

Calle Colbert. Desde la catedral llegas a la antigua calle Mayor, la cual históricamente unía las zonas de los actuales barrios de la Catedral y San Martín. Es una estrecha calle que se ha convertido en una zona de restaurantes muy turística. Entre las casas con fachas entramadas, se puede ver una placa en recuerdo de la heroína y santa francesa Juana de Arco que recibió en Tours su armadura.

Iglesia de San Julián. En el cruce con la calle Nacional te encuentras la iglesia de San Julián con su fachada del siglo XII de estilo románico. La planta de la iglesia se encuentra a un nivel del suelo claramente inferior al de la calle Nacional, pues es del siglo XII cuando fue construida, mientras que dicha calle fue diseñada siglos después, en el XVIII.

Continuando por la antigua calle Mayor, esta se convierte en la Calle del Comercio, lugar donde se concentraban los comerciantes en la Edad Media hasta llegar a la Plaza Plumareau o del Mercado, el corazón del barrio histórico. En esta preciosa plaza te encuentras ante una de las imágenes icono de Tours, su bonito conjunto de casas con fachadas entramadas que en los siglos XV y XVI fueron ocupadas por comerciantes y artesanos. En la plaza la conocida como casa de la Sagrada Familia, del siglo XV, tiene toda la fachada cubierta de pizarra, y conserva las esculturas originales. Esta zona es la más especial, con un entramado de callejuelas empedradas entre casas que aunque en ocasiones se ven torcidas y parece que fueran a derrumbarse, es precisamente lo que las hace tan especiales.

Torres de Carlomagno y del Reloj. Punto de encuentro de los peregrinos que viajan a la ciudad de Tours, la Basílica de San Martín. La original basílica era más grande que la catedral pues tenía hasta cinco naves, pero durante la Revolución Francesa fue destruida y con posterioridad se abrió una calle por en medio del espacio que ocupaba la nave central. De dicho edificio solo se conservan la Torre de Carlomagno, a la cual puedes subir, así como los restos de la Torre del Reloj. Junto a la Torre de Carlomagno hay un panel que te describe cómo era la planta de la iglesia y con dibujos del edificio original y de cómo quedó la calle tras la Revolución Francesa.

Basílica de San Martín. La actual Basílica de San Martín se remonta a 1860 cuando se descubrió el sepulcro de San Martín, lo que llevó a levantar una nueva iglesia de estilo arquitectónico neo-bizantino parecido al del Sagrado Corazón de París.

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Dejamos atrás Tours y a menos de 30 km hacemos otra parada en uno de los Castillos del Loira, situado en la localidad de Amboise.


'Desde su promontorio, el Castillo Real de Amboise nos ofrece una vista panorámica del río Loira. Durante casi dos siglos, la historia del castillo real de Amboise estuvo íntimamente ligada con la gran Historia de Francia. Magnífico palacio de los reyes Carlos VIII y Francisco I de Francia durante el Renacimiento, lugar de sepultura del emblemático Leonardo da Vinci del que se celebra en 2019 el 5º centenario (1519-2019), constituye para todos los visitantes un testimonio excepcional de los cambios profundos que se produjeron en Europa en los siglos XV y XVI. El rey Francisco I crece en Amboise y bajo su reinado el castillo llegará al apogeo de su gloria. Trae desde Italia al gran Leonardo da Vinci, que se instala en Clos Lucé, a dos pasos del castillo y con conexión directa mediante un pasadizo subterráneo. La sepultura del gran maestro italiano se encuentra en la capilla de Saint-Hubert, contigua al castillo.

Máxima expresión del lujo y del arte de vivir a la francesa, el castillo de Amboise también es un balcón incomparable y monumental, abierto a 360° sobre paisajes declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad. El sitio del Castillo Real de Amboise ha sufrido grandes transformaciones a lo largo de los siglos. Los datos científicos recopilados recientemente han permitido recrear el castillo en todas sus formas, desde la Edad Media hasta la actualidad.

A los pies del castillo está la pequeña y preciosa ciudad medieval. Bordeada por el río Loira en el que se refleja la imagen del castillo, se impone foto de postal, así como del puente. Apetece pasear por sus calles estrechas entre casas típicas de entramado, y como hicimos nosotros, sentarte a comer en una de las muchas terrazas a los pies del castillo.

No falta su llamado Beffroi, la torre del reloj y símbolo de los derechos y libertades francesas, y la Iglesia de San Florentin que fue destruida tras la revolución francesa.

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